Los contratos de obra y de concesión concentran controversias de alta complejidad técnica, donde la discusión rara vez es jurídica en abstracto: se discute una medición, un rendimiento, un cambio de alcance o el impacto de un hecho extraordinario.
El arbitraje aporta tribunales con experiencia sectorial y plazos definidos, además de un procedimiento que admite prueba pericial sofisticada. Esa ventaja se materializa solo si la parte llega al proceso con su expediente técnico ordenado.
De ahí que la recomendación sea constante: documentar durante la ejecución, no después. Las actas, las valorizaciones y la correspondencia contractual son el material con el que se construye el caso, mucho antes de que exista un conflicto formal.
